miércoles, 11 de noviembre de 2015

y ella era feliz

nadie llevaba sobre los hombros un peso extra
lo ordinario era el peso más necesario
en la pareja de ver como crece
y experimenta.
Perro conejo y tortuga
eran familia completa,
ni amantes esporádicos
ni hermanos esquizofrénicos
alteraban aquella relación.
Un equilibrio con mayúscula
doblaba la inicial de su nombre,
era él
el amor sin condiciones.
El otro besador de almas
se marchó con los otros
a caminar por una cinta moebius,
tan cerca y tan lejana
con su vida de fantasma
en el repetido escenario
de bailar en la palestra.
Alguna vez los pies de ambos
golpeaban a la vez la cinta infinita,
uno por cada cara distinta
en el mismo lugar que separaban
y bajaba un rayo frenético
a iluminar un soplo de versos.
Luego la oscuridad volvía
y el olvido en tierra fecunda trabajaba.

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