Aquí no hay empresa anunciadora, por lo tanto la responsabilidad es patrimonio de la creatividad en su acepción del arte por el arte.
Otra cosa, otra cosa es la RAE, Real, del rey, Academia -de Platón- (O Liceo aristotélico) de Expaña, antes Hesperia, con su arbolito sin navidad necesaria.
La misión encomendada es limpiar, fijar y dar esplendor a las palabras.
Necesaria es la limpieza, eso no se niega, poner lavadoras, barrer techos o fregar suelos es muy recomendable para la salud humana. Pero en la cosa esta de las palabras me huele a las comisiones de mantenimiento de las cuentas bancarias. ¿Les quitan el polvo? ¿Porqué se inventan nuevos subterfugios cada día para seguir aumentando las comisiones obreras, digo bancarias? Comisiones, comisiones son, ellos se las comen, y nosotros vemos el plato de paella en una foto offset de Heidelberg, (esta marca se publicita sola, tiene patente directa de Gutemberg).
Cuando se ensucian las palabras?
Está claro que la telemierda ensucia las palabras, y que, no estaría de más, una institución que le diera una friegas, pero ¿Es a esa limpieza a la que se refiere la RAE? Lo dudo, pues la telemierda es relativamente reciente y la institución tiene siglos, tres cumplirá el año que viene si lo permiten los mandamases del mundo y no nos revientan antes el chiringuito llamado planeta Tierra.
La RAE nace porque consideran que el lenguaje ha llegado al súmmum de la perfección, por lo tanto, cualquier movimiento, irá a peor. De paso se arrambla y anula a diversos movimientos artísticos que promovían las palabras para vivificarlas en una creación constante cuando la literatura era un arte con más movimiento que una samba. Pero el gachó de turno, convirtió la fiesta en un chotis, para que no se movieran los artecreadores de un ladrillo de 30x30 cm.
No se sabe de licenciados con licencia para poner en duda a la institución.
Llegados aquí, dejaremos lo de limpiar, como final socrático, para mejor ocasión, y pasaremos al segundo término del lema, fijar.
Cuando dicen fijar, dicen repetir sin posibilidad de evolución. La única evolución permitida es la que ellos autorizan, muy de tarde en tarde, muy de década en década, rendidos al fin ante el poder del pueblo, que va a su bola, y se la repantinfla el estar dentro o fuera de la RAE , cuando piensa, habla en la calle, escribe en su casa o se autopublica, sin pasar por colectivos censores, digo, correctores.
Ese fijar de las palabras a uñas y dientes es más patente cuando se instaura un creciente furor patrio de nazi anales poniendo vallas en corrales más grandes o más chicos.
En esta Expaña, tenemos el ejemplo de los vascos y catalanes con sus idiomas (¡ Idiomas ha dicho, ya verás henchir de pechos) y de cómo a ese carro regionalista, digo nazi analista, (¡vaya, ya se deshincharon los pechos!) se sumaron el bable, gallego, cántabro, andalusí y del cantón de Cartagena. Bueno, lo de Cartagena, todavía no, pero ya falta poco, que siempre han sido muy suyos.
Los programas, (palabra esta bonita donde las haya. Programar sabemos que significa. Vernos programados no nos vemos. Pero es porque no nos miramos) son como las vías del tren, o vas donde las vías dicen, o descarrilas. Y descarrilar es algo funesto de consecuencias no deseadas, al menos para la RAE-RENFE, si eres antisistema o de sistema desprogramativo, tal vez te interese descarrilar.
Así coges esplendor propio, y no el postizo que te puedan dar.
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