Rascar donde no pica,
aplaudir por compromiso,
seguir la corriente
de tronco, de vida, de río.
Ser palmero espectador
donde el “prota” de tu vida
está dentro de la televisión.
En el infierno de los esclavos
ser ángel es el tormento,
ver las cadenas, sentir el peso
y ver que otros ellos no ven
la vida que roba la manipulación.
Somos agua sucia
que se alimenta de cadáveres
de otros animales esclavos.
Somos agua estancada
con sueños podridos de paz
que chapotean cerdos grasientos
con garantía de pata negra.
Somos aire contaminado
con humo, polvo y chemtrails,
somos espíritu embotellado
que desde dentro rompe el cristal.
Y somos luz, divina estrella
que brilla en la oscuridad
y no alumbra a nadie más.
Y somos Dios en cualquier día
de descanso o creación.
Así, al vaivén del remolino
las palabras son plumas que buscan
hacer volar saltando precipicios,
buscando adrenalinas
en puentes a la divinidad.
Solo Dios Es Alma.

