Las representaciones egipcias de otros mundos colaborando en la plasmacion de este, son algo que no pasa de moda. Tienen sus altibajos, sus defensores-detractores, pero las imágenes hablan directamente a ese lugar humano en donde cada vez tenemos peor acceso: La imaginación interna, no manipulada por la industria ajena, solo por la naturaleza.
Khum, el dios con cabeza de carnero, es el alfarero, un oficio ancestral de sensibilidad, piel, agua, barro, ("barro soy aunque Miguel me llame"). Khum construye sobre el torno de alfarero al infante, y la rana Heqet, le da el soplo de vida. No hay producción en cadena,todo es colaboración, todo es artesanal, todo es arte a la hora del nacimiento.
¿Nacemos otra vez?
