Como una mujer maltratada por un marido borracho, occidente es consciente de los males, de la impiedad impuesta, pero acepta la situación, con risas a ratos dulces o con lágrimas de ratas malas, oscilando entre la carantoña y el guantazo.
El problema con la familia no es solo durante las borracheras. Es un marido bravucón que abusa de los pequeños, y se pelea con los grandes.
Occidente lo ve todo, pero tiene miedo a perder sus propiedades, su imagen, su estilo de vida, y acepta al maltratador, con lo cual se hace co-responsable sin ser corresponsal
(corre pon sal que mequedasoso).
Irak fue pegarle al gafotas hasta dejarlo ciego y sordo, pero Libia ha sido la violación de la niña guapa, Irán es la excusa para pegarse con los grandes de verdad, a ver si es verdad que lo defienden. Y todos los demás, más de lo mismo: Somalia siempre desnuda para poder pasearse por el cuerno con impunidad, Yugoslavia para trocear y experimentar, Grecia para apretar, Burundi, otro engaño, aún peor. Un pequeño con mil recursos, el último de la fila, el último del final.
Pero clama piedad occidente, diciendo: si a mi me maltrata, al resto lo cuida peor. Y el borracho loco alegará enajenación transitoria si lo conseguimos parar, pero si no lo conseguimos, a nosotros, también nos matará.
O se va él. o nos vamos los demás, pero bajo el mismo techo, no se puede convivir.
Y como él no se irá, abandonemos la propiedad, que no es más que un hoax buscando la fibra sensible en la puerta de la catedral.
Lo propio no debería enajenar.
![]() |
| solo lo veo si lo quiero ver. ¿no ves? |







