lunes, 7 de marzo de 2016

Antonio Pérez

Fue en el año 1980. Con mis recien estrenados 19 añitos, mi coche, y mi novia.
Mi novia era muy moderna, más que muchas feministas de ahora.  Yo vivía en Alcudia y ella en Valencia, así es que para vernos, nos partiamos el camino, yo bajaba hasta Nules con mi coche,( de mi padre) y ella viaja hasta Nules con el tren de cercanías. Era un trato justo, pues aunque mi recorrido era un poco más corto, luego nos ibamos con mi "citroen dos caballos"  hasta la playa, obviamente de Nules, que está a varios kilometros del nucleo urbano.
En verano apetecía la playa, pero en invierno apetecían los naranjos, perderse entre los llanos caminos que serpentean y se cruzan unos con otros por el inmenso huerto de clemenules que hay entre Nules, y la playa;(bueno, y entre Benicasim y Denia). La clemenules, como su propio nombre indica, es una variedad de mandarina clementina, que nació en Nules, y luego se injertó por el mundo entero. Pero no eran clemenules lo que buscaban los jóvenes, mi novia y yo incluidos, sino más bien un hartazgo de besos compartiendo salibas y sudores, entre los naranjos.
Así eramos en los años ochenta, intrépidos y sagaces, tanto que se terminaba la sesión, con las luces de posición puestas, que era la única luminosidad (salvando los ojos de la amada) que brillaba en el contorno del Caminás a su paso por la playa de Nules.
Ya sé que estoy insistiendo mucho con el tema de "Nules", pero Nules era el pueblo donde nació y donde vivió Antonio Pérez, más allá que su desarrollo futbolístico le llevara a ser portero del Atletico Aviación y Atletico de Madrid, pues jugó como portero titular en aquellos años del cambio de nombre en la capital de España
Como decía, las luces de posición, que parecían tan poca cosa, eran, para la batería de los años ochenta, una carga considerable, pues con el paso de las horas, que en esos instantes felices, pasan como si un momento fuera, mermaron la calidad, o cantidad de carga, y el coche, no arrancó.
Visto lo visto, y visto que todavía no habían inventado los teléfonos móviles, caballeroso yo, tuve la genial idea de colocarla a ella en el volante para yo, empujar desde atrás. No parecía muy dificil; con la marcha  tercera puesta y el embrage pisado, cuando el coche tomara impulso, había que soltar el embrage, y acelerar, para posteriormente,  en el instante en que arrancara, poner punto muerto y frenar. Nada dificil para una preciosidad de 18 años.
Era un tramo entre naranjos, con el firme de tierra y llano. Empujé con fuerza unos 10 metros, hasta que el coche cayó en una zanja que había al lado del camino. Como el amor todo lo puede, saqué con cuidado a mi chica del coche y nos dispusimos a caminar en dirección a Nules. Una larga caminata, una noche oscura, perros ladrando cada dos por tres, y ella y yo, abrazaditos, por aquellos caminos, buscando las lejanas luces de Nules. Ni sus zapatos de tacón eran para aquellos caminos, ni mi mente encontraba como salir de la aventura. Pero llegamos a Nules, y la dejé en la estación de ferrocarril, pues aún llegamos a  tiempo para tomar el último cercanías a Valencia,
La dejé en la estación ferroviaria y me fui a buscar a Antonio Pérez, que era la única persona que conocía en Nules, un señor, señor, de unos 50 años, con más vitalidad que uno de treinta, amigo de la familia y padre de Juanlu, un compañero de aventuras adolescentes. Debían de ser más de las 22.00h. No recuerdo, pero creo que no lo saqué de la cama, creo que aún estaba vestido, y en cuanto le puse en antecedentes del problema, cogió las llaves de la DKV, (la DKV era una furgoneta típica de los ochenta). entramos al garaje para coger unas cuerdas, y nos fuimos a buscar el coche a ver si lo podíamos remolcar.
En aquella época, mi memoria era buena, y no tuve dificultad en encontrar el camino donde había quedado el coche. Mientras él, el señor Antonio, preparaba las cuerdas en la DKV, yo me metí en el citroen dos caballos de mi padre, puse la llave, giré, y arrancó.
Fue una sorpresa el que arrancara, pero no nos causó ningún disgusto. En vez de tirar hacía adelante con la DKV. Antonio Pérez, empujó hacia atras con sus propias manos, desde el terraplen de la acequia, y el coche salió sin mayores problemas.
Hoy, 36 años despues. Me fui al tanatorio, sin saber en donde estaba, con una furgoneta vieja, y traje de gala para el último adios, y en un trayecto tan corto, de Castellón a Nules, me perdí. me pasé de salida y tuve que ir a dar la vuelta casi hasta la Val de Uxó, y al volver, tomé la salida de antes de la autovía de regreso, y perdiéndome, me encontré. Llegué a la puerta y sin saber, sumando casualidades.


Hoy el día quiere llover
porque el gran Antonio se nos va,
se va con su Isabel del alma
para esperarnos allá
donde todos nosotros
algún día tendremos que llegar.
Buenas noches, Señor Antonio,
y gracias por los triunfos
compartidos con humanidad.
                      Convertido en baul de recuerdos
que iluminan nuestras sombras.
                       Y la vida se llena de sentido
si dejamos que el corazón nos lleve.
                        Si el balance fue bueno,
el peso del corazón, la pluma leve.
                       Hermoso querer y ser querido,
Hoy el día quiso llover
y llovió, llovió un poquito,
como si quisiera llorar,
"No lloreis- decía Antonio-
no lloreis que viví bien",
Fui soldado en la guerra,
refugiado en Francia,
y futbolista después.
Tuve mi amada Isabel,
mis tres hijos, y los de ellos,
amigos por doquier,
larga vida y a los noventa y seis
morí de pie, lúcido,
entre las flores y el azahar,
aromas y mucha libertad.
 No lloreis, ¡Aplaudid!


Antonio Pérez

Fue en el año 1980. Con mis recien estrenados 19 añitos, mi coche, y mi novia.
Mi novia era muy moderna, más que muchas feministas de ahora.  Yo vivía en Alcudia y ella en Valencia, así es que para vernos, nos partiamos el camino, yo bajaba hasta Nules con mi coche,( de mi padre) y ella viaja hasta Nules con el tren de cercanías. Era un trato justo, pues aunque mi recorrido era un poco más corto, luego nos ibamos con mi "citroen dos caballos"  hasta la playa, obviamente de Nules, que está a varios kilometros del nucleo urbano.
En verano apetecía la playa, pero en invierno apetecían los naranjos, perderse entre los llanos caminos que serpentean y se cruzan unos con otros por el inmenso huerto de clemenules que hay entre Nules, y la playa;(bueno, y entre Benicasim y Denia). La clemenules, como su propio nombre indica, es una variedad de mandarina clementina, que nació en Nules, y luego se injertó por el mundo entero. Pero no eran clemenules lo que buscaban los jóvenes, mi novia y yo incluidos, sino más bien un hartazgo de besos compartiendo salibas y sudores, entre los naranjos.
Así eramos en los años ochenta, intrépidos y sagaces, tanto que se terminaba la sesión, con las luces de posición puestas, que era la única luminosidad (salvando los ojos de la amada) que brillaba en el contorno del Caminás a su paso por la playa de Nules.
Ya sé que estoy insistiendo mucho con el tema de "Nules", pero Nules era el pueblo donde nació y donde vivió Antonio Pérez, más allá que su desarrollo futbolístico le llevara a ser portero del Atletico Aviación y Atletico de Madrid, pues jugó como portero titular en aquellos años del cambio de nombre en la capital de España
Como decía, las luces de posición, que parecían tan poca cosa, eran, para la batería de los años ochenta, una carga considerable, pues con el paso de las horas, que en esos instantes felices, pasan como si un momento fuera, mermaron la calidad, o cantidad de carga, y el coche, no arrancó.
Visto lo visto, y visto que todavía no habían inventado los teléfonos móviles, caballeroso yo, tuve la genial idea de colocarla a ella en el volante para yo, empujar desde atrás. No parecía muy dificil; con la marcha  tercera puesta y el embrage pisado, cuando el coche tomara impulso, había que soltar el embrage, y acelerar, para posteriormente,  en el instante en que arrancara, poner punto muerto y frenar. Nada dificil para una preciosidad de 18 años.
Era un tramo entre naranjos, con el firme de tierra y llano. Empujé con fuerza unos 10 metros, hasta que el coche cayó en una zanja que había al lado del camino. Como el amor todo lo puede, saqué con cuidado a mi chica del coche y nos dispusimos a caminar en dirección a Nules. Una larga caminata, una noche oscura, perros ladrando cada dos por tres, y ella y yo, abrazaditos, por aquellos caminos, buscando las lejanas luces de Nules. Ni sus zapatos de tacón eran para aquellos caminos, ni mi mente encontraba como salir de la aventura. Pero llegamos a Nules, y la dejé en la estación de ferrocarril, pues aún llegamos a  tiempo para tomar el último cercanías a Valencia,
La dejé en la estación ferroviaria y me fui a buscar a Antonio Pérez, que era la única persona que conocía en Nules, un señor, señor, de unos 50 años, con más vitalidad que uno de treinta, amigo de la familia y padre de Juanlu, un compañero de aventuras adolescentes. Debían de ser más de las 22.00h. No recuerdo, pero creo que no lo saqué de la cama, creo que aún estaba vestido, y en cuanto le puse en antecedentes del problema, cogió las llaves de la DKV, (la DKV era una furgoneta típica de los ochenta). entramos al garaje para coger unas cuerdas, y nos fuimos a buscar el coche a ver si lo podíamos remolcar.
En aquella época, mi memoria era buena, y no tuve dificultad en encontrar el camino donde había quedado el coche. Mientras él, el señor Antonio, preparaba las cuerdas en la DKV, yo me metí en el citroen dos caballos de mi padre, puse la llave, giré, y arrancó.
Fue una sorpresa el que arrancara, pero no nos causó ningún disgusto. En vez de tirar hacía adelante con la DKV. Antonio Pérez, empujó hacia atras con sus propias manos, desde el terraplen de la acequia, y el coche salió sin mayores problemas.
Hoy, 36 años despues. Me fui al tanatorio, sin saber en donde estaba, con una furgoneta vieja, y traje de gala para el último adios, y en un trayecto tan corto, de Castellón a Nules, me perdí. me pasé de salida y tuve que ir a dar la vuelta casi hasta la Val de Uxó, y al volver, tomé la salida de antes de la autovía de regreso, y perdiéndome, me encontré. Llegué a la puerta y sin saber, sumando casualidades.


Hoy el día quiere llover
porque el gran Antonio se nos va,
se va con su Isabel del alma
para esperarnos allá
donde todos nosotros
algún día tendremos que llegar.
Buenas noches, Señor Antonio,
y gracias por los triunfos
compartidos con humanidad.
                      Convertido en baul de recuerdos
que iluminan nuestras sombras.
                       Y la vida se llena de sentido
si dejamos que el corazón nos lleve.
                        Si el balance fue bueno,
el peso del corazón, la pluma leve.
                       Hermoso querer y ser querido,
Hoy el día quiso llover
y llovió, llovió un poquito,
como si quisiera llorar,
"No lloreis- decía Antonio-
no lloreis que viví bien",
Fui soldado en la guerra,
refugiado en Francia,
y futbolista después.
Tuve mi amada Isabel,
mis tres hijos, y los de ellos,
amigos por doquier,
larga vida y a los noventa y seis
morí de pie, lúcido,
entre las flores y el azahar,
aromas y mucha libertad.
 No lloreis, ¡Aplaudid!


miércoles, 17 de febrero de 2016

Ixtlan



desolado es sin sol
sin sol y solitario,
solicitario del calor
de alguna estrella fría
en el infinito motor.
Hare hare Krishna
el agua coloreada
ya no se puede limpiar,
hay que subir río arriba;
nuestras vidas van a la fuente
con este remar entre peces muertos
que arrastra la corriente.
Si cedes te mancha el tinte,
si cedes te mueres
y sigues camino al mar,
donde Jorge Manrique
con su beso de sal
te evapora para volver a empezar.
Son estos cadáveres escamosos
los que ponen color y brillo
de purpurinas al reflejo solar.
Las altas y frías cataratas
jamás fueron insuperables,
los depredadores siempre existieron,
el miedo es compañero del valor.
Hay una fuerza ancestral que nos
atrapa, jala al más allá
en tener el ser del deber
inquirir ir sin fin ni mil
otros logros con solo 
un uluru, tú.


Ixtlan



desolado es sin sol
sin sol y solitario,
solicitario del calor
de alguna estrella fría
en el infinito motor.
Hare hare Krishna
el agua coloreada
ya no se puede limpiar,
hay que subir río arriba;
nuestras vidas van a la fuente
con este remar entre peces muertos
que arrastra la corriente.
Si cedes te mancha el tinte,
si cedes te mueres
y sigues camino al mar,
donde Jorge Manrique
con su beso de sal
te evapora para volver a empezar.
Son estos cadáveres escamosos
los que ponen color y brillo
de purpurinas al reflejo solar.
Las altas y frías cataratas
jamás fueron insuperables,
los depredadores siempre existieron,
el miedo es compañero del valor.
Hay una fuerza ancestral que nos
atrapa, jala al más allá
en tener el ser del deber
inquirir ir sin fin ni mil
otros logros con solo 
un uluru, tú.


jueves, 11 de febrero de 2016

Platón, Fedón,toroide.

https://www.youtube.com/watch?v=lsvbhqnRgNc



Platón, Fedón,
-Pues bien, amigo -empezó Sócrates-, se dice, en primer lugar, que la tierra se presenta a la vista, si alguien la contempla desde arriba, como las pelotas de doce pieles, abigarrada, con franjas de diferentes colores,. …………………………………….………….Pero hay en ella, en toda su periferia, conforme a sus cavidades muchos lugares: unos más profundos y más abiertos que aquel en que vivimos; otros son más profundos, pero tienen la abertura más pequeña que la de nuestro lugar, y los hay también que son menores en profundidad que el de aquí y más anchos. Todos estos lugares están en mucha partes comunicados entre sí bajo tierra mediante orificios, unos más anchos y otros más estrechos, y tiene asimismo, desagües, por los que corre de unos a otros, como si se vertiera en cráteras mucha agua. La magnitud de estos ríos eternos que hay bajo tierra es inmensa y sus aguas son calientes y frías. Hay también fuego en abundancia y grandes ríos de fuego, como asimismo los hay en grandes cantidades de fango líquido más claro o más cenagoso, como esos ríos de cieno que corren en Sicilia antes de la lava, y también el propio torrente de lava. De éstos, precisamente, se llenan todos los lugares, según les llega en cada ocasión, a cada uno la corriente circular. Y todos estos ríos se mueven hacia arriba y hacia abajo, como si hubiera en el interior de la tierra una especie de movimiento de vaivén. Y dicho movimiento de vaivén se debe a las siguientes condiciones naturales. Una de las simas de la tierra, aparte de ser la más grande, atraviesa de extremo a extremo toda la tierra. Es ésa de que habla Homero cuando dice:
      Muy lejos, allí donde bajo tierra está el abismo más profundo...
y que en otros pasajes él y otros muchos poetas han denominado Tártaro. En esta sima confluyen todos los ríos y de nuevo arrancan de ella. Cada uno de ellos, por otra parte, se hace tal y como es la tierra que recorre. Y la causa de que todas las corrientes tengan su punto de partida y de llegada ahí es la de que ese líquido no tiene ni fondo ni lecho. Por eso oscila y se mueve hacia arriba y hacia abajo. Y lo mismo hacen el aire y el viento que lo rodea. Pues le sigue siempre, tanto cuando se lanza hacia la parte de allá de la tierra como cuando se lanza hacia la parte de acá; y, de la misma manera que el aire de los que respiran forma siempre una corriente espiratoria o inspiratoria, allí también, oscilando al mismo tiempo que el líquido, da lugar a terribles e inmensos vendavales tanto al entrar como al salir. Así, pues, cuando se retira el agua hacia el lugar que llamamos inferior, las corrientes afluyen hacia las regiones de allá a través de la tierra, y las llenan de una forma similar a como hacen los que riegan. En cambio, cuando se retiran de allí y se lanzan hacia acá, llenan a su vez las regiones de aquí, y en las partes que han quedado llenas discurren a través de canales y de la tierra, y cada una de ellas llega a los lugares hacia los que tiene hecho camino, formando mares, lagunas, ríos y fuentes. De aquí, sumergiéndose de nuevo en la tierra, tras dar las unas mayores y más numerosos rodeos, y las otras menos numerosos y más cortos, desembocan de nuevo en el Tártaro, algunas mucho más abajo de donde se había efectuado el riego, otras un poco solamente. Pero todas tienen su punto de llegada más abajo que el de partida, algunas completamente enfrente del lugar de donde habían salido, otras hacia la misma parte. Algunas hay también que dan una vuelta completa, enroscándose una o varias veces alrededor de la tierra como las serpientes, y que, tras descender todo lo que pueden, desembocan de nuevo. Y en uno y otro sentido es posible descender hasta el centro, más allá no, pues una y otra parte quedan cuesta arriba para ambas corrientes. Las restantes corrientes son muchas, grandes y de todas clases, pero en esta gran multitud se distinguen cuatro. De ellas es la mayor el llamado Océano, cuyo curso circular es el más externo. Enfrente de éste corre en sentido contrario el Aqueronte que, además de recorrer lugares desérticos y pasar bajo tierra,  a la laguna Aquerusíade, adonde van a parar las almas de la mayoría de los muertos, y tras pasar allí el tiempo marcado por el destino, unas más corto y otras más largo, son enviadas de nuevo a las generaciones de los seres vivos. Un tercer río brota entre medias de éstos, y cerca de su nacimiento va a parar a un gran lugar consumido por ingente fuego, formando un lago, mayor que nuestro mar, de agua y cieno hirviente. De allí, turbio y cenagoso, avanza en círculo y, después de rodear en espiral la tierra, llega entre otras partes a los confines de la laguna Aquerusíade sin mezclarse con el agua de ésta; desemboca en la parte más baja del Tártaro, habiendo dado muchas vueltas bajo tierra. Este es el que llaman Piriflegetonte, cuyas corrientes de lava despiden fragmentos incluso en la superficie de la tierra allí donde encuentran salida. Y, a su vez, enfrente de éste hay un cuarto río que desemboca en un lugar terrible y agreste, según se cuenta, que tiene en su totalidad un color como el del lapislázuli. A este lugar le llaman Estigio, y a la laguna que forma el río, al desaguar en él Estigia. Tras haberse precipitado aquí, y después de haber adquirido en su agua terribles poderes, se hunde en la tierra, avanza dando giros en dirección opuesta al Piriflegetonte y se encuentra con él de frente en la laguna Aquerusíade. Y tampoco el agua de este río se mezcla con ninguna, sino que  después de haber hecho un recorrido circular, desemboca en el Tártaro, por el lado opuesto al del Piriflegetonte. Su nombre es, según dicen los poetas, Cócito. ..…………………………………………………
………. Pues bien, oh Simmias, por todas estas cosas que hemos expuesto, es menester poner de nuestra parte todo para tener participación durante la vida en la virtud y en la sabiduría, pues es hermoso el galardón y la esperanza grande. Ahora bien, el sostener con empeño que esto es tal como yo lo he expuesto, no es lo que conviene a un hombre sensato. Sin embargo, que tal es o algo semejante lo que ocurre con nuestras almas y sus moradas, puesto que el alma se ha mostrado como algo inmortal, eso sí estimo que conviene creerlo, y que vale la pena correr el riesgo de creer que es así. Pues el riesgo es hermoso, y con tales creencias es preciso, por decirlo así, encantarse a sí mismo; 


Platón, Fedón,toroide.

https://www.youtube.com/watch?v=lsvbhqnRgNc



Platón, Fedón,
-Pues bien, amigo -empezó Sócrates-, se dice, en primer lugar, que la tierra se presenta a la vista, si alguien la contempla desde arriba, como las pelotas de doce pieles, abigarrada, con franjas de diferentes colores,. …………………………………….………….Pero hay en ella, en toda su periferia, conforme a sus cavidades muchos lugares: unos más profundos y más abiertos que aquel en que vivimos; otros son más profundos, pero tienen la abertura más pequeña que la de nuestro lugar, y los hay también que son menores en profundidad que el de aquí y más anchos. Todos estos lugares están en mucha partes comunicados entre sí bajo tierra mediante orificios, unos más anchos y otros más estrechos, y tiene asimismo, desagües, por los que corre de unos a otros, como si se vertiera en cráteras mucha agua. La magnitud de estos ríos eternos que hay bajo tierra es inmensa y sus aguas son calientes y frías. Hay también fuego en abundancia y grandes ríos de fuego, como asimismo los hay en grandes cantidades de fango líquido más claro o más cenagoso, como esos ríos de cieno que corren en Sicilia antes de la lava, y también el propio torrente de lava. De éstos, precisamente, se llenan todos los lugares, según les llega en cada ocasión, a cada uno la corriente circular. Y todos estos ríos se mueven hacia arriba y hacia abajo, como si hubiera en el interior de la tierra una especie de movimiento de vaivén. Y dicho movimiento de vaivén se debe a las siguientes condiciones naturales. Una de las simas de la tierra, aparte de ser la más grande, atraviesa de extremo a extremo toda la tierra. Es ésa de que habla Homero cuando dice:
      Muy lejos, allí donde bajo tierra está el abismo más profundo...
y que en otros pasajes él y otros muchos poetas han denominado Tártaro. En esta sima confluyen todos los ríos y de nuevo arrancan de ella. Cada uno de ellos, por otra parte, se hace tal y como es la tierra que recorre. Y la causa de que todas las corrientes tengan su punto de partida y de llegada ahí es la de que ese líquido no tiene ni fondo ni lecho. Por eso oscila y se mueve hacia arriba y hacia abajo. Y lo mismo hacen el aire y el viento que lo rodea. Pues le sigue siempre, tanto cuando se lanza hacia la parte de allá de la tierra como cuando se lanza hacia la parte de acá; y, de la misma manera que el aire de los que respiran forma siempre una corriente espiratoria o inspiratoria, allí también, oscilando al mismo tiempo que el líquido, da lugar a terribles e inmensos vendavales tanto al entrar como al salir. Así, pues, cuando se retira el agua hacia el lugar que llamamos inferior, las corrientes afluyen hacia las regiones de allá a través de la tierra, y las llenan de una forma similar a como hacen los que riegan. En cambio, cuando se retiran de allí y se lanzan hacia acá, llenan a su vez las regiones de aquí, y en las partes que han quedado llenas discurren a través de canales y de la tierra, y cada una de ellas llega a los lugares hacia los que tiene hecho camino, formando mares, lagunas, ríos y fuentes. De aquí, sumergiéndose de nuevo en la tierra, tras dar las unas mayores y más numerosos rodeos, y las otras menos numerosos y más cortos, desembocan de nuevo en el Tártaro, algunas mucho más abajo de donde se había efectuado el riego, otras un poco solamente. Pero todas tienen su punto de llegada más abajo que el de partida, algunas completamente enfrente del lugar de donde habían salido, otras hacia la misma parte. Algunas hay también que dan una vuelta completa, enroscándose una o varias veces alrededor de la tierra como las serpientes, y que, tras descender todo lo que pueden, desembocan de nuevo. Y en uno y otro sentido es posible descender hasta el centro, más allá no, pues una y otra parte quedan cuesta arriba para ambas corrientes. Las restantes corrientes son muchas, grandes y de todas clases, pero en esta gran multitud se distinguen cuatro. De ellas es la mayor el llamado Océano, cuyo curso circular es el más externo. Enfrente de éste corre en sentido contrario el Aqueronte que, además de recorrer lugares desérticos y pasar bajo tierra,  a la laguna Aquerusíade, adonde van a parar las almas de la mayoría de los muertos, y tras pasar allí el tiempo marcado por el destino, unas más corto y otras más largo, son enviadas de nuevo a las generaciones de los seres vivos. Un tercer río brota entre medias de éstos, y cerca de su nacimiento va a parar a un gran lugar consumido por ingente fuego, formando un lago, mayor que nuestro mar, de agua y cieno hirviente. De allí, turbio y cenagoso, avanza en círculo y, después de rodear en espiral la tierra, llega entre otras partes a los confines de la laguna Aquerusíade sin mezclarse con el agua de ésta; desemboca en la parte más baja del Tártaro, habiendo dado muchas vueltas bajo tierra. Este es el que llaman Piriflegetonte, cuyas corrientes de lava despiden fragmentos incluso en la superficie de la tierra allí donde encuentran salida. Y, a su vez, enfrente de éste hay un cuarto río que desemboca en un lugar terrible y agreste, según se cuenta, que tiene en su totalidad un color como el del lapislázuli. A este lugar le llaman Estigio, y a la laguna que forma el río, al desaguar en él Estigia. Tras haberse precipitado aquí, y después de haber adquirido en su agua terribles poderes, se hunde en la tierra, avanza dando giros en dirección opuesta al Piriflegetonte y se encuentra con él de frente en la laguna Aquerusíade. Y tampoco el agua de este río se mezcla con ninguna, sino que  después de haber hecho un recorrido circular, desemboca en el Tártaro, por el lado opuesto al del Piriflegetonte. Su nombre es, según dicen los poetas, Cócito. ..…………………………………………………
………. Pues bien, oh Simmias, por todas estas cosas que hemos expuesto, es menester poner de nuestra parte todo para tener participación durante la vida en la virtud y en la sabiduría, pues es hermoso el galardón y la esperanza grande. Ahora bien, el sostener con empeño que esto es tal como yo lo he expuesto, no es lo que conviene a un hombre sensato. Sin embargo, que tal es o algo semejante lo que ocurre con nuestras almas y sus moradas, puesto que el alma se ha mostrado como algo inmortal, eso sí estimo que conviene creerlo, y que vale la pena correr el riesgo de creer que es así. Pues el riesgo es hermoso, y con tales creencias es preciso, por decirlo así, encantarse a sí mismo;