La élite mundial a través de los siglos siempre incide en lo que nos diferencia para separarnos.
El motivo puede ser variado, pero cabe destacar:
religioso, de moros y Cristianos
social de ricos y pobres
de género de hombres y mujeres.
Estos tres motivos son representativos de la historia antigua, de la historia reciente y de una actualidad con proyección de futuro.
Las diferencias que existían cuándo se generó el punto de anclaje siguen existiendo a lo largo de los siglos manteniendo el conflicto y además alimentando el problema.
El hecho principal es que las diferencias nunca pueden ser subsanadas porque son diferencias de origen y solo de manera puntual un cristiano o musulmán cambia de religión un rico o un pobre cambia de estatus social o un hombre o una mujer cambia de sexo.
Pero todos los cambios son poco asimilables por el grupo social predominante.
Es decir que van a asistir luego en razón de la religión los conversos, en razón social los advenedizos y en razón de género los enfermos mentales.
Porque, como ser humano, hay que estar enfermo para creer que la alteración de los aparatos genitales es relevante en cuanto a la función de los mismos.
El útero o la próstata a fecha de hoy no son trasplantables y en el caso de que en el futuro los fueran, serían absurdos, porque si se extinguieran "todes les" mujeres, sería más fácil volver a crear vida en una cápsula embrionaria que en un abdomen masculino.
Se precisa un nuevo paradigma en cuanto a educación se refiere. Un esquema sencillo y que serviría para centrarnos en lo que somos o podemos llegar a ser está en la denominada constitución septenaria hindú, es asimilable por tiempo actual, más que la nonagésica egipcia o la tripartita cristiana, en donde ni los sacerdotes saben distinguir entre alma y espíritu.
El stula sharira es una máquina tan perfecta, que alterarla solo conduce a peores resultados. Afortunadamente la muerte hace que esos resultados duren poco.